La perseverancia en el emprender: Un caso de éxito

Emprender

Vivimos en un mundo tan cambiante. Tan lleno de oportunidades. Oportunidades que a veces no vemos pasar, que nos pasan de largo por estar inmersos en los problemas. A veces, en los problemas de otros.

La vida nos hace rectificar, dar nuevas vueltas a estos problemas, para encontrarles  soluciones.  Tan sólo debemos darle un espacio… despejar la mente y al rato… volver a intentarlo.

Siempre, volver a intentarlo.

Hace un par de semanas atrás, me sucedió algo parecido. Una tarde, luego de una llamada luego de la cual sentí  que me habían lanzado una bomba y que no había sobrevivientes. Me equivoqué.

Esa tarde, esperaba ansiosa la llamada de un patrocinante. Sí, una empresa que iba a patrocinar mi primer evento en esto que llaman: emprendimiento.

Mediados del mes de julio de este año, se me vino a la cabeza la idea de organizar una actividad de formación, agrupando a amigos que tienen esta misma motivación del social media, el mundo 2.0, las comunicaciones 3.0, marketing digital y otros tantos temas vinculados.

Se dio una conversa con un amigo español que me dijo: ¡Vamos! Y ahí comenzó este viaje…

Casi 4 meses de llamadas por aquí, llamadas por allá, hangouts iban y venían;  Un presupuesto por acá, una reunión por allá. Nada se concretaba. A mediados de septiembre de 2013, ya tarde una noche, llegó esta frase: “¡Compré boletos! Llegamos en tal fecha…”.  El viaje no sólo se confirmaba, era meterle el acelerador al pedal del emprendimiento.

En mes y medio,  ser armó TODO: el equipo, el local, el temario, el hospedaje, la logística. Faltaba lo más importante: patrocinantes. Pero el viaje consignaba su curso.

Para un emprededor, uno de los que suelen ser tercos/testarudos, se le hace muy difícil aceptar el verbo “suspender”. Es como lanzarle una pedrada a una ventanal de vidrios. Peor. Es como lanzarla a un vitral que a llevado semanas, – meses -, armar.

Esa tarde me recomendaron suspender todo. Crisis 2.0 mezclada con la 1.0 que se convertía en 3.0 al saber que artífices de este viaje venían en tránsito hacia mi país.  Creo que fueron las horas más duras que he vivido. Aunque he vivido unas tantas, éstas me parecieron interminables.

Puse los sentimientos y las ilusiones a un lado. Al corazón y la emoción las guardé. Como en automático seguí trabajando, pues entendí que debía priorizar las cosas. Ya habría tiempo para resolver la crisis. Le di espacio a la crisis. La dejé sola, vociferando y armando lío.

Culminé el trabajo. Salí a casa. En el camino, par de llamadas, un correo…

Con la cabeza en frío pensé los pros y los contras de suspender. Nada alentador.

Dos horas más tarde, la respuesta al correo. Vaticinios de una crisis 3.0 más financiera que emocional/espiritual.

Se nos hizo larguísima esa noche a varios del equipo. La decisión: no suspender. Era mejor seguir y perder que abandonar y no saber qué hubiera pasado. Y perder dinero de verdad…

Seguimos adelante, contra viento y marea. Agradecida con el equipo que me acompañó y con los amigos que nos apoyaron, más aún con la ayuda externa quienes entre todos fuimos los artífices de esta magnífica experiencia.

Si, magnífica. Tomamos una oportunidad, la domamos por los cachos, la llevamos a nuestro terreno y vencimos. Logramos cumplir nuestro sueño.

Pasada la tormenta 3.0 y luego de explicarle vehementemente al patrocinador quienes somos, qué queremos hacer y cómo lo lograríamos, decidieron continuar con el apoyo.

Un éxito…. Que se repetirá.

Pudimos comprobar el dicho conocido: “las crisis es que se forjan líderes…”

Por eso, mi humilde consejo: Cuando te digan qué hacer, considera el consejo, piensa muy bien los pros y los contra, analiza cada uno de los pasos que darás, arma tu estrategia de juego, analiza tu contrincante de haberlo. Incluso ve más  allá, imagina los escenarios posibles de perder o de ganar. Trata de mantenerte siempre un paso adelante, ten una Opción B a tu Plan A por si éste falla. Pero, no abandones, nunca dejes de avanzar. ¿Por qué? Porque aunque pierdas, habrás ganado. Te aseguro que lo único que perderás serán horas de sueño y esas, luego de un domingo en pijamas viendo tv o tomando unos tragos con los amigos, se recuperan.

Rita.

Créditos por la imagen: Anna Vital.

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